Rectus Maricus

Algunas anotaciones sobre los gays de derecha

Durante las elecciones provinciales de este año –que dieron mucho que hablar- me espantaron algunas publicaciones de gays tucumanos que llamaban a votar por Fuerza Republicana, el partido del genocida Bussi. Esas se sumaban a otras que ya había visto antes, en las que aquellos mismos gays pedían desde “más policías” hasta que “el ejército salga a las calles”. Bien de derecha, como quien dice.

Previo a eso ya había leído algunas otras cosas de ellos, como los comentarios malintencionados sobre el “subsidio trans” y los insultos que nos tiraron por besarnos frente a la UNSTA, cuando hicimos un escrache por la difusión los textos homofóbicos en los que se decía que éramos enfermos y que había que curarnos.

En el abc de las maricas militantes a esto último siempre lo explicamos con la homofobia internalizada (1), que sería eso que te convierte casi mágicamente de gay humillado a humillador. Los gays que la padecen –y esto a modo de advertencia- siempre tratan de decirnos cómo tenemos que vivir lxs demás, y en general ese cómo es con la boca lo más cerrada que se pueda y en lo posible escondidos para no molestar a nadie. Para estos gays homofóbicos siempre estamos equivocadxs, hagamos lo que hagamos, sobre todo si nos mostramos y mostramos lo que nos hace diferentes, como cuando soltamos mucha pluma, tenemos varias parejas o salimos medio desnudxs a la Marcha del Orgullo. Sin irnos más lejos durante el 2010 tuvimos que agarrarnos de los pelos con muchos gays que estaban en contra del Matrimonio Igualitario y de la adopción, con el mismo discurso de los conservadores. Y un ejemplo más y a la tucumana es el actual delegado provincial del INADI y “fundador” de Crisálida; creo que no hay persona que se haya esforzado más que él en atacar y desarmar al activismo LGTB independiente de la provincia, que a los ponchazos trataba de terminar de nacer.

Pero la homofobia propia-de-sí no nos alcanza. ¿Cómo explicar todo lo demás? ¿Cómo explicar el odio de los gays hacia los jóvenes pobres cuando llamaban, por ejemplo, a “acabar con los negros de mierda”? ¿Cómo explicar que les enfureciera más que se exija el Derecho al Aborto en la Marcha del Orgullo de este año que el asesinato de una activista travesti? Y en fin… ¿Cómo explicar el voto a la extrema derecha católica sólo con eso?

Como seguía sin comprenderlo, y quería ver qué era o qué tenían para decirme, traté de juntar argumentos y planteárselos a una transformista que había subido en su muro una foto de Ricardo Bussi posando con un bastón (a la que le agregaba un corazoncito). Le escribí comentándole que él era el hijo del genocida Bussi, “…que durante la última dictadura atacó con saña a los gays y las travas en los ’70 y en el 2010 su partido militó en contra del Matrimonio Igualitario”.

Como respuesta recibí una captura de Whatsapp, en la que ella le enviaba a Ricardito –con el que tenía “línea directa”- lo que yo le había escrito… y éste le respondía: “A mí no me importa nada la sexualidad de la gente, que además está preservada por el artículo 18 de la Constitución Nacional. Lo único que me interesa es mejorarle la calidad de vida, sea hombre o mujer, niño o adulto, homo o heterosexual”.

Al leer eso quedé helado. ¿Cómo podía ser semejante cinismo? ¿Cómo Bussi podía haber escrito algo así? ¿Podría ser que algo haya cambiado y se me haya pasado…? En una de esas mi sorpresa era algo exagerada. El papa francisco ya había comenzado a hacer algo parecido tiempo después de asumir el carguito. ¿Y no eran acaso estas mismas maricas de derecha –como la susodicha transformista- las que repetían una y otra vez aquella muletilla ambigua que instaló el sumo pontífice (?), “Si alguien es gay, ¿quién soy yo para juzgarlo?”? Con un poco de delay, el discurso mentiroso de la Iglesia ya había comenzado a incorporarse en el discurso del bussismo… al menos durante las elecciones.

Parecía ser que se abría ahí un espacio en el discurso que le daba lugar al apoyo de gente como la transformista ésta. Pero no me cerraba mucho la idea de que sólo un giro en lo que decía la derecha pudiese captar voluntades (y sumar votos); tenían que tener una contrapartida. ¿Qué había detrás de estas maricas y sus vidas, igual de oprimidas e insultadas que las de cualquier otra, que las llevaba a votar a la derecha? ¿Por qué no entendían que eso era un voto contra sí mismos, sus pares y sus formas de vida?

Las maricas de derecha existen desde siempre. Hay ejemplos ya desde el primer movimiento gay a principios del siglo XX, que había tenido una rama “masculinista”, antisemita… ¡y hasta fascista! O ahora (cualquier parecido es mera coincidencia…) cuando el PRO/Cambiemos saca a relucir gays “bien” como Pedro Robledo en su partido, y tienen un ejército de maricas votantes con los globos amarillos.

Recordé que durante la secundaria, cuando militaba en el centro de estudiantes del Colegio Nacional, tenía una compañera con la que me llevaba de los pelos y que con tan solo 14 años ya era una bussista convencida… y toda su familia lo era. Así como yo peleaba por becas (porque mi familia fue muy golpeada por la crisis de 2001), ella defendía el quite de los planes sociales. Era casi “innato” en lxs dos, y por eso tanta chispa. No sé qué habrá sido de ella, pero después del descargue público me enteré que esa transformista también venía de una familia bussista, y por eso la “línea directa”. Y comencé a pensar que quizás no era tan casual que me haya pasado algo tan similar hoy. En otro plano, pero similar.

Y con aquello no quiero decir que si has nacido en una familia de derecha vas a ser de derecha (aunque a veces así parezca), sino que todas esas demostraciones de racismo, misoginia, homofobia y transfobia de las mismas maricas, tortas o travas, no son más que algo que les surge de un derechismo propio-de-sí, heredado y elegido, reivindicado y defendido, y es eso lo que creo que “convierte” a la marica en conservadora. Acá ya nada tiene que ver la sexualidad de una.

Parece ser que después de haber alcanzado el derecho a ser y casi acabada la lucha por la igualdad legal -que por algún momento pudo mantenernos a la fuerza en la misma vereda- comenzaron a saltar más a la vista las diferencias políticas más profundas. Quizás es por esto que no sea de extrañar que hoy en día haya cada vez más lobos con piel de marica, torta y trava. Y a estos perros guardianes del orden social también vamos a tener que resistirles.


1. Es muy común escuchar a veces frases como “a los gays nos discriminan por putos como vos”. La homofobia internalizada es esto: lo que hace que los mismos gays culpen a otros gays de su propia opresión. Es la adhesión casi pasional a las jerarquías sociales del pensamiento heterosexual, la legitimación por parte de los mismos gays del lugar inferiorizado que les es asignado dentro del orden social.

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