Hacia un teatro puto (y santo)

Me han becado para investigar teatro LGTB de Tucumán de los últimos 15 años. Estoy teórica, teórica. Leyendo mucho, iniciándome en los estudios de género, en la teoría queer, en la historia del activismo LGTB, en sus pensamientos y sus prácticas. En este espacio quiero hablar sobre qué me voy imaginando querría encontrar en/de ese teatro; si es que existe finalmente tal cosa en Tucumán.

Me imagino que un teatro LGTB tucumano sería, fundamentalmente, un arte político, cuyos mecanismos acompañen la lucha de nuestra comunidad, para la plenitud de las vidas de personas de géneros e identidades sexuales no-binarias. Creo que para acercarme a esta “categoría” particular de teatro tengo que buscar posibles estrategias en las prácticas teatrales de la provincia que sigan los mismos objetivos que el activismo lesbogaytransqueerinterbipansexual. Reconocer esas estrategias, nombrarlas, describirlas, hacerlas explícitas, armar una caja de herramientas que ayude a ver, a pensar y a hacer arte LGTB.

Hace un tiempo me preguntaron qué creo que es un arte degenerado. Pienso que “ser degenerado” podría ser una de esas estrategias políticas. Degenerado en el sentido de mostrar, exponer lo que no es aceptable hegemónicamente en sociedad: lo que es considerado y obligado a ser paria, marginal, abyecto, injuriado, enfermo, perverso. Pero no sólo en los relatos y en los temas de las prácticas teatrales, sino más bien y sobre todo en los cuerpos, procedimientos, ideas, la relación con el público, etc. Degenerado y anti-hegemónico por todos lados. Teatro que no sabés si decirle teatro del todo.

Lo que acabo de afirmar es evidentemente una cita inconsciente (o no tanto) del pensador francés Didier Eribon y su análisis sobre la literatura del escritor Jean Genet en el libro Una moral de lo minoritario. El autor reconoce en Genet una estrategia política reivindicadora de otras vidas posibles, al heroificar a los marginales: los presos, los homosexuales, los pervertidos, los ladrones, los drogadictos, los negros. De ninguna manera Genet trata de “normalizar” a los parias, de integrarlos(se) a la sociedad, dice Eribon, sino todo lo contrario: reivindica su lugar de marginal, y nos muestra la plenitud en ese borde. La idea clásica del orgullo: de la injuria a la celebración. Somos putos, tortas, travas y nos encanta serlo.

Eribon con Genet nos propone una estrategia política de subjetivación minoritaria, nos invita a reapropiarnos y a resignificar la injuria y la vergüenza a la que somos sometidxs, y a construir nuestra propia subcultura. Me viene a la cabeza el espectáculo de danza-teatro Tiempo Suspendido (2006) de Marcos Acevedo donde dos varones bailaban mariconamente la canción “Puto” de Molotov. La escena reapropiaba con orgullo el término despectivo al desplegar dos cuerpos bien putos, plenos y vitales por todo el espacio. También se podría leer en la pareja de varones una reapropiación gay del “partenaire” de la danza clásica: arte degenerado, arte de subjetivación minoritaria.

Ya podemos nombrar entonces algunas estrategias, todas relacionadas (y parecidas) entre sí: ser degenerado, reivindicarlo y construir nuestra subcultura.

Después, a partir de otros artículos que he estado estudiando de Beatriz Preciado y David García Córdoba (al final de la nota están las referencias si les da curiosidad), donde se habla de la teoría queer, de su historia y de la historia del activismo LGTB mundial, he podido hacer un paneo –muy general– de otras posibles estrategias políticas que ha ido tomando nuestra lucha. Las que voy a nombrar han surgido de distintos ámbitos, desde la militancia misma, la academia, el arte, la filosofía, la vida, etc. Han aparecido en momentos y contextos particulares y con objetivos concretos, a veces muy distintos entre sí. Voy a pecar (¡que anticlerical!) en los próximos párrafos de descontextualizador, pero me parece que la lucha es la misma: se buscan vidas dignas. Lo que cambia, justamente, son las estrategias. Además, tampoco tengo espacio en la nota para historizar todo, carajo, mierda.

Por ejemplo, mariconizar o queerizar las prácticas, los discursos y los medios que vienen de la heteronormatividad, o sea del mundo dominante. Darle una vuelta de tuerca LGTB a lo “aceptable”, a lo conocido. Volverlo puto. Por qué no al teatro y sus convenciones. Hablar explícitamente en nombre propio desde la putez, lesbianez o transexualez es ya en sí una estrategia. Hablamos nosotrxs de nosotrxs mismos. Pienso en el espectáculo Manifiesto por amor a los hombres (2012) que se construyó a partir de la propia historia de vida gay de Facundo Vega Ancheta, cruzando ficción y realidad, donde él nos contaba en primera persona a los espectadores su infancia homocuriosa, su padre ausente, su fetiche por los osos y su deseo de casarse y formar familia hasta con alguien del público.

Otra estrategia podría ser difundir y contagiar el homo, lesbo, trans, pan erotismo. Incentivar a las personas a explorar otros horizontes eróticos. Otra: mostrar que no hay nada de “normal” o “natural” en la identidad sexual, en los géneros o en los sexos “biológicos”. Exponer que los discursos médicos, psiquiátricos, morales, jurídicos, del “sentido común”, etc. son construcciones sociales e históricas, que están atravesadas por redes de relaciones de poder. Sigo: buscar el reconocimiento social y jurídico como colectivo. Reivindicar derechos a los cuales tenemos negado el acceso. Una más: construir nuestro propio relato histórico. Uff, son un montón.

Tiro la última. Criticar las identidades (todas, las héteros y las homos) como “esencias” y cuestionar la “integración social” como algo normalizador y por ende excluyente de la flexibilidad de las identidades de los sujetos. En otras palabras: devenir monstruo, como dice Preciado. En Las Fabricantes de Tortas (2008) César Romero y Gonzalo Veliz -dirigidos por César Domínguez, con texto de Urdapilleta- construían en su actuación unas travestis lesbianas sadomasoquistas grotescas, que daban cuenta del vínculo con el público, que mezclaban el bar del teatro y la calle dentro de la ficción, que llegaron a trascender hacia afuera de la obra en eventos sociales como en despedidas de soltera (busquen en Facebook a Marta Figueroa Alas Corta). Teatro monstruoso. Teatro que rompía identidades y los límites de su “ámbito específico” que serían la ficción y la sala teatral.

Volviendo a Genet, la ética de subjetivación minoritaria -dice Eribon- es también una ascesis, es decir, una práctica sobre unx mismx encaminada hacia la santidad. Pero no la de la moral cristiana llena de “virtudes”, sino, todo lo contrario, una santidad abyecta, paria, putx, marginal y perversa. Similarmente, Jerzy Grotowski, reconocido director y teórico teatral polaco, en su libro Hacia un teatro pobre propone una idea casi genetiana sobre el trabajo que debería hacer el actor a la hora de la ficción, como la de un santo resignificado. El actor grotowskiano se revela a sí mismo deshaciéndose de su máscara cotidiana, no exhibe su cuerpo, sino que lo aniquila, lo libera de cualquier resistencia, lo sacrifica, y así se vuelve santo.

Un teatro LGTB entonces también podría ser una ascesis si resignifica la idea de santidad. Un teatro que practique sobre sí mismo permanente e incansablemente el orgullo, la moral paria, la resignificación de las construcciones sociales, la producción de otrxs identidades y cuerpos monstruosos, el armado de comunidad y subcultura, la deconstrucción de los mecanismos y las relaciones de poder de la sexualidad, los sexos y los géneros, y lo que sea necesario para que nuestras vidas sean cada día más plenas y justas.

Referencias

– Córdoba García, David. “Teoría queer: reflexiones sobre sexo, sexualidad e identidad. Hacia una politización de la sexualidad” en Córdoba, D., Saez, J. y Vidarte P.(Eds.). Teoría Queer. Políticas Bolleras, Maricas, Trans, Mestizas. Madrid:EGALES. 2005. Pp.21–66.

– Eribon, Didier. Una moral de lo minoritario. Barcelona:Anagrama. 2004.

– Grotowski, Jerzy. Hacia un teatro pobre. México DF:Siglo Veintiuno. 2002.

– Preciado, Beatriz. “Devenir bollo-lobo o cómo hacerse un cuerpo queer a partir de El pensamiento heterosexual” en Córdoba, D., Saez, J. y Vidarte P. (Eds.). Teoría Queer. Políticas Bolleras, Maricas, Trans, Mestizas. Madrid:EGALES. 2005. Pp.111–132.

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