Elogio de las vísceras

EDITORIAL

Esperamos que ustedes, lectorxs, hayan quedado impactadxs con el nuevo porte de nuestra revista. Sorprenderlxs ha sido intencional: nuestra imagen ya nos sonaba a destiempo y no queríamos desentonar. Al decir de una amiga querida (parafraseando en clave drag a la cubana Severo Sarduy): lo más importante para hacer la revolución es ir bien montada. La estética eucarística se nos ha impuesto y -a decir verdad- nos sienta muy bien.

Sacada de las entrañas, nuestra tapa presenta una advertencia: la de los tiempos violentos. La de la cumbre de las provocaciones y la ilusa esperanza del “hay que dejarlos gobernar”, que ha sido descuartizada a través de ajustes poco piadosos. En estas olimpíadas de la carne expuesta, de la visceralidad, la iglesia católica toma parte y desea llevarse el premio como la más cochina y sucia de todas en la provincia. Hace unos meses atrás en la Plaza Urquiza (frente a un colegio secundario), una organización católica exhibió orgullosamente una gigantografía. En ella, una estaca sangrienta atravesaba la cabeza de un bebé sonriente y agregaba una leyenda “en defensa de la vida”. El uso de los símbolos -más allá de la técnica…- nos ha dejado perplejas. Decidimos presentar batalla con el mismo recurso: retratando el momento triunfal de la Madre Suprema de la Congregación de las Hermanas de la Eterna Sodomía sosteniendo el corazón del Papa Francisco extirpado con sus propias manos. ¹ En el pequeño cuento que fue publicado en Toukouman Blog en el mes de noviembre -que algunos hubiesen querido eliminar antes de su nacimiento- no pretendíamos superar la sangre, la ira y la devastación que recorren página tras página de sus milenarios antiguo y nuevo testamento. Lo que deseábamos era mostrarles visceralmente cómo se siente unx cuando otros deciden sobre sus vidas y sus cuerpos. Y para esto utilizamos una metáfora violenta: la del tráfico de órganos y el terrorismo (tan de moda).

Hoy en día continúa habiendo cuerpos que valen más que otros y no deben ser tocados ni en la ficción, como los de la alta curia y los políticos berretas. Con nuestros cuerpos el caso es el inverso: son manoseados por curas, médicos, jueces y policías. Son sometidos a una constante extirpación de su autonomía: se los abusa en las comisarías, como al de Celeste; se los encarcela, como al de Belén; se los mutila en la noche, como al de Zoe Quispe, Diana Sacayán, y tantas otras compañeras que hemos tenido que enterrar; se los suicida, como al de Marcela Crelz o Leonela Gómez; se los trata, como al de Marita Verón; se los brutaliza, como a los de Rodo Bulacio, Marcelo, Juan… esta lista sería interminable. Nuestras ficciones justicieras son producidas por una realidad repleta de injusticias. Es así que la fantasía de la violencia en un mundo profundamente violento no “suma violencia”: quiere decir que estamos hartxs de ser violentadxs, y que no se lo vamos a permitir ni un minuto más.

Pero ante todo: no somos víctimas. El Tucumán en el que hoy vivimos en nada se parece al de hace treinta años atrás. En las últimas décadas ganamos espacios de teje, boliches, bares, lugares para trabajar la noche; tenemos una escuela trans abierta, un sistema de socorros aborteros, una red de personas que viven con VIH; tenemos un maravilloso arte drag, una literatura marica, una cumbia tortishera, un gran teatro tucumano disidente, un festival de arte LGTBIQ; hemos comenzado a imaginar y practicar otro tipo de relaciones amorosas, poliamorosas, raras, tenemos pequeño medio con una revista, una Marcha del Orgullo independiente y autogestionada; comenzamos a recuperar nuestra historia. Nuestro ejército cada día es más grande. Nuestras vidas hoy son posibles, y se han abierto las puertas para imaginar otras.

Deseamos que estas páginas se conviertan en nuestro bendito testamento trava, tortillero, marica y cuir, desviado, norteño, vital. Un papiro de la Degeneración heredada. Como decían los místicos, practicaban los flagelantes, y afirmaba Divine: con la más profunda de las abyecciones alcanzamos aquel altísimo peldaño de lo sublime. Este barro que nos cubre es en realidad el barro de la trinchera, del que hemos salido mil veces relucientes como diamantes.

***

Queremos dedicar este número a todxs aquellxs que han resistido en su vida cotidiana, a lo largo de todos estos años, a la avalancha moralista sobre sus cuerpas. También a todxs aquelllxs que forman parte de la Mesa de #JusticiaParaCeleste y a quienes luchan hoy por la #AbsoluciónParaBelén; este año fueron ellxs quienes iluminaron la penumbra reaccionaria con destellos de libertad.

 

  1. Ver “Un enorme corazón“, por Patricio Dezalot. En Especial Fornicarias. Antología de Literatura Gay Tucumana. Toukouman Literatura. La Gaceta. Noviembre 2016.

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