por Silvia Gómez

La llegada de nosotras al feminismo tiene que ver con esa búsqueda que el mito de Lilith representa, una búsqueda común a todas las mujeres: la libertad (esto explica nuestro nombre). Antes de conformarnos como grupo, las vidas particulares de cada una trascurrían entre el malestar y la rebeldía. Al malestar lo sentíamos por las imposiciones, por las limitaciones para la realización personal, ya que había cosas que no debíamos o no podíamos por el simple hecho de ser mujeres, por los prejuicios, las culpas, etc. Al peso del patriarcado lo sentíamos individualmente en cada decisión tomada, pero a la vez nos rebelábamos, lo cual no era fácil porque rebelarse para una mujer significa enfrentarse con la familia, la pareja, los afectos, la condena social y significa, sobre todo, enfrentarse a la culpa arraigada en nuestros cuerpos y nuestras vidas.

Nuestra conformación grupal , en el año 2004, fue un aprendizaje y accionar colectivo, que nos permitió reconocernos como mujeres enajenadas, y a partir de ese proceso de toma de conciencia de nuestra situación existencial, decidimos emprender el camino hacia la visibilización, la desnaturalización y deconstrucción de las opresiones de género, lo que significó posicionar nuestros cuerpos de una manera nueva, mirarnos, expresarnos con otro lenguaje e ir modificando todas nuestras relaciones personales y grupales.

La lucha de mujeres desde el feminismo, nos parece fundamental porque nos permite visualizar la condición de opresión en la que nos encontramos y nos da las herramientas teóricas que guían nuestro accionar político. El feminismo es una corriente que aporta a la lucha histórica de los seres humanos por la libertad, en este caso atiende específicamente a la opresión genérica de las mujeres, pero no solo influye sobre ellas, porque el feminismo conduce a la transformación de todas las relaciones humanas, porque cuestiona y ataca al poder patriarcal que se encuentra en los cimientos de nuestra cultura y sociedad. Así nos encontramos cada una de las que formamos Las Lilith, viniendo de distintos lugares, algunas de otras militancias, otras no, pero compartiendo el malestar y el deseo de potenciar nuestras rebeldías. Conformarnos como grupo y reivindicarnos feministas fue para nosotras acercarnos a lo político desde lo personal, nos permitió hacer consciente que más allá de las experiencias particulares, nuestras vidas como las de todas las mujeres estaban marcadas por la opresión, la misoginia y el machismo, en fin… por el patriarcado.

Así, nuestros primeros desafíos fueron generar acciones orientadas a interpelar al conservadurismo profundamente arraigado en nuestra provincia. El objetivo era romper el discurso hegemónico instalado desde la iglesia católica, desde los medios, las instituciones gubernamentales, los partidos políticos y las corporaciones profesionales, sobre las problemáticas que nos afectan. Salimos a la calle con palabras como aborto, sexualidad, patriarcado, misoginia, femicidio, etc…. fueron muchas las actividades que realizamos, además de las acciones callejeras- en las que utilizamos grafitis, carteles, pintadas, panfletos, pancartas, disfraces- organizamos cine-debate; talleres de violencia; aborto; derechos sexuales y reproductivos. Todo nuestro activismo estaba orientado a empoderar a las mujeres y para eso nos colocábamos desde otro lugar al hacer, sentir y decir.

La primera articulación a nivel nacional la iniciamos en el Encuentro Nacional de Mujeres de Mar del Plata en el año 2005, donde acordamos con las compañeras cordobesas “Las histéricas, las mufas y las otras” que nos ayudarían a lanzar en Tucumán la Campaña Nacional por la despenalización y legalización del aborto (nacida entre 2003 y 2004). Ellas nos acompañaron en la calle para juntar firmas y posteriormente hacer una mesa debate donde participaron, además, compañeras de católicas por el derecho a decidir de Córdoba, médicas y psicólogas de Tucumán, entre otras. El tema de la libertad de decidir sobre nuestros cuerpos nos parece central en el planteo acerca de la autonomía de las mujeres, es uno de los pilares donde se apoya el/los fundamentalismos para evitar nuestra autodeterminación, por otro lado, integrar una campaña nacional nos daba una perspectiva más amplia, nos permitía encontrarnos con otros cientos de mujeres bajo el lema “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir”.

Ante la necesidad de vincularnos con otros grupos que compartían nuestras prácticas feministas, las críticas al sistema patriarcal y capitalista, nos integramos a la colectiva “Feministas Inconvenientes” en el año 2007, en la que confluimos grupos de Buenos Aires, Córdoba, Neuquén, Mar del plata, Capital y Mendoza. Esta colectiva representaba para nosotras la posibilidad de un diálogo que trascienda la esfera local, la articulación nacional para fortalecer las resistencias a todas las formas de opresión y, como decía nuestra manifiesta: “Nos reconocemos en las corrientes que viven, sienten y crean un feminismo latinoamericano, mestizo, desobediente, insumiso; autónomo, diverso, alegre, provocador, desafiante; creativo…: un feminismo inconveniente, que se propone como parte y aporte a una cultura emancipatoria, que rechaza tanto la normatividad heterosexual como el esencialismo biologicista. Un feminismo rebelde, nacido de los cuerpos históricamente estigmatizados, invisibilizados y/o ilegalizados, por un sistema basado en el disciplinamiento, el control, la domesticación, y el orden que garantiza su propia continuidad y reproducción…” Con estas compañeras compartimos espacios de debate sobre nuestras actividades y posiciones políticas, intentamos armar propuestas conjuntas, nos encontramos en cada espacio posible. De esta articulación, nos fue posible conocer y compartir con grupos del NOA otras temáticas, como ser ambientales, pueblos originarios, derechos humanos para ir entramando el feminismo en las luchas populares.

El ingreso a la campaña nacional “ni una mujer más víctima de las redes de prostitución”, de la cual somos parte, se debió a la necesidad que teníamos de trabajar esta temática, había sucedido el caso de Marita Verón y la trata de mujeres generaba un fuerte impacto mediático y social. Sentíamos que existía una demanda social con respecto a esta problemática, la desaparición concreta de cientos de mujeres en nuestro país y provincia, la existencia de mafias de proxenetas locales que hacen “negocios” impunemente con las mujeres, nos llevaron nuevamente a las calles.

En octubre del año 2008 junto a otras organizaciones feministas tucumanas (GIMM, CLADEM), las compañeras de la campaña que vinieron de Buenos Aires junto a compañeras de AMMAR capital (posteriormente AMAH), realizamos la 1º jornadas de reflexión sobre mujeres en situación de prostitución y trata. Esto nos permitió instalar en la sociedad y en los medios locales de comunicación, el tema con una perspectiva diferente: la lucha abolicionista.

En la cotidianeidad de las demandas, luchas y relaciones que fuimos estableciendo surge también la necesidad grupal de articular con movimientos sociales y agrupaciones que actuaban en nuestra provincia (Cruzadas, COBA, La brecha, Frente Popular Darío Santillán, Socorristas, etc.) a los que consideramos que comparten con nosotras la búsqueda de construir prácticas y discursos contrahegemónicos, por fuera de las rígidas estructuras partidarias. A lo largo de estos años trabajamos siempre en forma horizontal y democrática, de esta manera aprendimos a ir resolviendo nuestras propias contradicciones. A la militancia la sostuvimos con los esfuerzos económicos particulares de cada una, porque las Lilith nos autofinanciamos lo que nos garantiza absoluta libertad para hacer y decir.

Como feministas, queremos ser parte de la resistencia a este capitalismo que utiliza al patriarcado para reforzar la desigualdad. Como feministas, nuestro compromiso es con todas las luchas que se propongan transformar la realidad, en este camino nos parece importante  deconstruir el poder patriarcal inscripto en nuestros cuerpos y subjetividades para enfrentar las condiciones de opresión que nos impiden decidir y desarrollarnos en todas nuestras potencialidades, que discrimina las opciones sexuales, de clase, de etnia que no se corresponden con el modelo hegemónico heterosexual-racial blanco-occidental, que nos violenta permanentemente.

Herederas de las luchas realizadas por las mujeres de todos los tiempos, seguimos transitando el irreverente camino de las resistencias feministas y como Lilith decimos: “Nosotras, las mujeres, queremos la libertad, no el paraíso”.

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